La aparición fundacional de la Orden de la Merced tuvo lugar en la noche del 1 al 2 de agosto de 1218 en Barcelona, España, cuando la Virgen María se apareció simultáneamente a tres personas: San Pedro Nolasco, un joven mercader provenzal establecido en Barcelona; San Raimundo de Peñafort, canónigo de la catedral de Barcelona y futuro maestro general de la Orden de Predicadores; y el rey Jaime I de Aragón, quien entonces tenía apenas diez años y se encontraba bajo la tutela de los templarios. A cada uno de ellos, la Virgen les manifestó su voluntad de que se fundara una orden religiosa dedicada específicamente al rescate de los cristianos cautivos en tierras musulmanas, una necesidad acuciante en el contexto de la Reconquista y las incursiones berberiscas en el Mediterráneo. La aparición triple y simultánea otorgó una legitimidad extraordinaria al proyecto, al involucrar a las tres esferas de la sociedad medieval: la religiosa, la civil y la monárquica. Pedro Nolasco comunicó su visión a su confesor Raimundo de Peñafort, quien a su vez había recibido la misma revelación, y ambos acudieron ante el joven rey, quien confirmó haber tenido idéntica experiencia mística. El 10 de agosto de 1218, festividad de San Lorenzo, Pedro Nolasco fundó la Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos en la catedral de Barcelona, con la bendición del obispo Berenguer de Palou y el patrocinio del rey Jaime I. Los primeros mercedarios pronunciaron un cuarto voto además de los tres habituales de pobreza, castidad y obediencia: el voto de redención, por el cual se comprometían a quedarse como rehenes en lugar de los cautivos si fuera necesario para lograr su liberación. A lo largo de los siglos, la Orden de la Merced rescató a decenas de miles de cautivos cristianos en el norte de África y el Levante mediterráneo. La tradición mercedaria sitúa en más de setenta mil el número de cautivos liberados. La devoción a Nuestra Señora de la Merced se extendió por toda España y América Latina, siendo patrona de Barcelona, de la archidiócesis de Barcelona y de numerosas ciudades americanas.
Barcelona en 1218 era la capital del floreciente condado de Barcelona, unido dinásticamente al Reino de Aragón bajo la Corona de Aragón. El joven rey Jaime I, futuro Jaime el Conquistador, acababa de ser liberado de la tutela de Simón de Montfort tras la batalla de Muret (1213) donde murió su padre Pedro II. El Mediterráneo occidental era un espacio de intensa confrontación entre cristianos y musulmanes, con frecuentes capturas de navegantes y habitantes costeros por piratas berberiscos. Miles de cristianos languecían en cautividad en el norte de África, sometidos a esclavitud y presiones para apostatar. La Reconquista avanzaba en la Península Ibérica, y Jaime I conquistaría Mallorca en 1229 y Valencia en 1238. La fundación de órdenes redentoras como los trinitarios (1198) y los mercedarios respondía a una necesidad humanitaria urgente de la cristiandad medieval.
El milagro fundacional es la aparición triple y simultánea de la Virgen a tres personas de diferentes estados y condiciones, hecho considerado extraordinario y sin precedentes en la hagiografía mariana. La coincidencia perfecta de las tres visiones fue interpretada como prueba irrefutable de la voluntad divina. A lo largo de los siglos, numerosos milagros fueron atribuidos a la intercesión de la Virgen de la Merced en la liberación de cautivos, incluyendo episodios en los que mercedarios permanecieron milagrosamente ilesos tras ofrecerse como rehenes.
Crónicas de la Orden de la Merced - Siglo XIII — Orden de la Merced
Our Lady of Ransom - Catholic Encyclopedia — Catholic Encyclopedia