La tradición mariana de Covadonga está íntimamente ligada a la Batalla de Covadonga del año 722, considerada el primer triunfo cristiano en la Reconquista de la Península Ibérica contra la dominación musulmana. Según la tradición, Don Pelayo, noble visigodo refugiado en las montañas de Asturias tras la invasión musulmana de 711, se encomendó a la Virgen María antes de enfrentarse a un ejército musulmán muy superior en número en el desfiladero de Covadonga, en los Picos de Europa. La cueva natural de Covadonga, enclavada en la ladera de la montaña sobre un manantial y una cascada, ya era un lugar de culto cristiano donde se veneraba una imagen de la Virgen María. Pelayo y un pequeño grupo de guerreros asturianos se refugiaron en la cueva y, según las crónicas, la Virgen intervino milagrosamente en la batalla: las flechas y piedras lanzadas por los musulmanes se volvían contra ellos mismos, y un desprendimiento de rocas aplastó a gran parte del ejército invasor cuando huía por el desfiladero. La victoria de Covadonga, aunque probablemente fue una escaramuza de dimensiones modestas, adquirió un significado simbólico y espiritual inmenso como el inicio de la Reconquista, un proceso que se prolongaría durante casi ocho siglos hasta la toma de Granada en 1492. La cueva-santuario de Covadonga se convirtió en uno de los lugares de peregrinación más venerados de España. La imagen de la Virgen de Covadonga, conocida cariñosamente como la Santina, preside la cueva sagrada desde la Edad Media. La actual imagen es una talla gótica del siglo XVI que reemplazó a la original, destruida en un incendio en 1777. El santuario fue ampliado con la construcción de la basílica neorrománica dedicada a la Virgen de Covadonga, inaugurada en 1901 por el rey Alfonso XIII. Covadonga fue declarada Parque Nacional en 1918, el primero de España.
La invasión musulmana de la Península Ibérica comenzó en 711 cuando las tropas de Táriq ibn Ziyad cruzaron el estrecho de Gibraltar y derrotaron al último rey visigodo, Don Rodrigo, en la batalla de Guadalete. En pocos años, la mayor parte de la Península cayó bajo dominio musulmán. Grupos de nobles y guerreros visigodos se refugiaron en las montañas del norte, especialmente en Asturias, Cantabria y los Pirineos, zonas de difícil acceso que los musulmanes no lograron someter completamente. Don Pelayo, probablemente un noble de la corte visigoda de Toledo, se estableció en las montañas asturianas y logró aglutinar a los resistentes cristianos. La Batalla de Covadonga en 722 marcó la primera resistencia exitosa y se convirtió en el mito fundacional del Reino de Asturias y de toda la Reconquista.
El milagro principal asociado a Covadonga es la intervención divina durante la batalla de 722. Según las crónicas medievales, especialmente la Crónica de Alfonso III, las flechas y proyectiles lanzados por los soldados musulmanes contra la cueva se volvían milagrosamente contra ellos mismos, causando enormes bajas en sus propias filas. Además, un desprendimiento providencial de rocas en el desfiladero del río Deva aplastó a gran parte del ejército musulmán durante su retirada, completando la victoria cristiana. La tradición atribuye estos prodigios a la intercesión directa de la Virgen María, ante cuya imagen Pelayo había orado antes del combate.
Crónica de Alfonso III — Atribuida a Alfonso III de Asturias
Santuario de Covadonga - Diócesis de Oviedo — Diócesis de Oviedo